Elitismo Político
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n la primera edición de los elementos de ciencia política de 1897 Mosca escribe:
Entre las tendencias y hechos constantes, que se encuentran en todos los organismos políticos, hay uno cuya evidencia puede ser fácilmente manifiesta a todos: en todas las sociedades, empezando por las más mediocremente desarrolladas y que han llegado a los comienzos de la civilización, hasta las más cultas y fuertes, existen dos clases de personas: la de los gobernantes y la de los gobernados.
En este momento Mosca identifica los gobernantes con lo que él denomina la clase gobernante y los gobernados con la clase gobernada o masa.
Mosca llegaría a esta conclusión después de un riguroso examen histórico –aun cuando Gramsci desestima el estudio mosqueano de
Haciendo uso de una simplificación que no intente falsear el pensamiento marxista, esta indicación (la de gobernante y gobernado) está presente también en Marx; aunque, hay que decirlo, puesta y dispuesta en otros términos (igualmente se debe hacer la salvedad sobre las sociedades “más primitivas”).
Para Marx, en toda sociedad pueden distinguirse “dos categorías de personas”: una clase dirigente y una o más clases dirigidas. La posición dominante que detenta la primera debe explicarse por su posesión de los instrumentos fundamentales de la producción (y reproducción) económica, pero su dominio se consolida por la fuerza que ejerce sobre la fuerza militar y sobre la creación de nuevas ideas. También, en la naturaleza la relación entre clase dirigente y clase dirigida, existe una pugna perpetua entre ellas, que está influida principalmente por el desarrollo de las fuerzas productivas (los cambios experimentados en la tecnología). O dicho de otra manera: condicionados por el grado de desarrollo de su situación económica, por el carácter y el modo de producción y de su cambio condicionada por ésta, planteará Engels.
Se trata, como es obvio, del concepto de “lucha de clases” (la gran ley que rige la marcha de
En esta forma es que se postula en el Manifiesto del partido comunista:
La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaría de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna (Kart Marx y F. Engels).[1]
Después de este contexto histórico general y trasladándolo a Medellín podemos afirmar que la ciudad políticamente está de acuerdo con el elitismo (sistema favorecedor de las élites). Esto lo podemos ver reflejado en el pasado 28 de octubre cuando Alonso Salazar subió al poder, la razón básica de este hecho fue la continuidad del actual alcalde. La constante elitista no fue en esta región del país únicamente, fue en todo el territorio nacional, los mismos con las mismas en la gran mayoría de administraciones, sino continuidad de partido, el cargo en manos de viejos “zorros” en política. Luís Alfredo Ramos, Andrés Gonzáles, Horacio Serpa, Antonio Navarro, entre otros suman una no despreciable cifra de años en política, lo cual hace pensar que en un periodo de tiempo corto la renovación está algo lejana. Por esto, la independencia no cuaja en Colombia. Aquí en Medellín, por ejemplo, el único candidato independiente fue Jhon Bazurto y obtuvo menor votación que el voto en blanco.
Otra muestra de elitismo se evidencia por lo presidencial donde el secretario del partido de
Así como estos hay muchos casos, pero la pregunta es ¿será tan malo el elitismo político? Porque una cosa es que los mismos políticos que tienen experiencia, fogueo y juegan en territorio conocido continúen en el poder haciendo algo “normal”, pero otra muy distinta entregarle el poder a personas sin experiencia en el terreno público que sabrá Dios que harían en caso de quedar elegidos, por otro lado, la política no es un tema para novatos, porque pienso se necesita una especie de “práctica” antes de entrar en ese peligroso y ambicioso mundo.
En la actualidad el elitismo es positivo en esta ciudad por lo acontecido en las elecciones, no me las doy de fajardista, pero hay que reconocerle al primer mandatario de Medellín la excelente labor que ha realizado; que no lo diga yo, uno de los principales medios de comunicación, Revista SEMANA, así lo confirma: “el matemático retraído que fue quedó atrás. Después de tres años en la vida pública, Fajardo se convirtió en un hombre capaz de hablar ante multitudes, seguro de que en torno a su figura se ha consolidado un estilo de gobierno, orgulloso de sus obras en Medellín, adulado por mujeres y hombres, comprometido con llevar su proyecto a otras regiones del país.
Los meses que se tomó, al comienzo de su mandato, para estudiar lo urbano, y su continuo trasegar por las vías públicas del centro y de los barrios lo han convertido en un verdadero experto en la ciudad que gobierna, a diferencia de sus predecesores acomodados en las poltronas de sus oficinas. Por eso Fajardo será escuchado por mucho tiempo en una ciudad que requiere, todavía, consolidar un proyecto político ciudadano”.
Así pues, Medellín como lo dice el propio alcalde es una ciudad que pasa del miedo a la esperanza, que falta bastante, es verdad, movilidad y contaminación ambiental son sus lunares, pero por eso en este caso apoyo el elitismo, ¡porque esto tiene que seguir!
Elitismo político: sin ética y eternamente malo
Por todas partes lo dicen y más en temporada electoral. “¡la política es una vergüenza, una inmoralidad, los políticos se roban la plata del pueblo! Como primera norma, lo más prudente es desconfiar de quienes creen que su “santa” obligación consiste en lanzar siempre rayos y truenos morales contra la gente en general, sean los políticos, las mujeres, los judíos, los farmacéuticos o el pobre y simple ser humano tomado como especie. La ética, no debería ser un arma arrojadiza ni munición destinada a pegarle buenos cañonazos al prójimo en su propia estima. Y mucho menos al prójimo en general, igual que si a los humanos nos hiciesen en serie como a los donuts. Para lo único que sirve la ética es para intentar mejorarse a uno mismo, no para reprender elocuentemente al vecino; y lo único seguro que sabe la ética es que el vecino, tú, yo y los demás estamos todos hechos artesanalmente, de uno en uno, con amorosa diferencia.
Ahora bien: ¿Por qué tienen tan mala fama los políticos? A fin de cuentas, en una democracia como en Colombia políticos somos todos, directamente o por representación de otros. Lo más probable es que los políticos se nos parezcan mucho a quienes les votamos, quizá incluso demasiado; si fuesen muy distintos a nosotros, mucho peores o exageradamente mejores que el resto, seguro que no les elegiríamos para representarnos en el gobierno. Sólo los gobernantes que no llegan al poder por medio de elecciones generales (dictaduras, reyes o líderes religiosos) basan su prestigio en que se les tenga por diferentes al común de los hombres. Como son distintos a los demás se consideran con derecho a mandar sin someterse a las urnas ni escuchar la opinión de cada uno de sus conciudadanos. Eso sí, asegurarán muy serios que el “verdadero” pueblo está con ellos, que la “calle” le apoya con tanto entusiasmo que no hace falta ni siquiera contar a sus partidarios para saber si son muchos o menos de muchos. En cambio, quienes desean alcanzar sus cargos por vía electoral procuran presentarse al público como gente corriente, muy “humanos”, con las mismas aficiones, problemas y hasta pequeños vicios que la mayoría cuyo refrendo necesitan para gobernar. Por supuesto, ofrecen ideas para mejorar la gestión de la sociedad y se consideran capaces de ponerlas competentemente en práctica, pero son ideas que cualquiera debe poder comprender y discutir, así como tienen que aceptar también la posibilidad de ser sustituidos en sus puestos si no son tan competentes como dijeron o tan honrados como parecían. Entre esos políticos los habrá muy decentes y otros caraduras y aprovechados, como ocurre entre los bomberos, profesores, sastres, futbolistas y cualquier otro gremio. Entonces, ¿de donde viene su notoria mala fama?
Para empezar, ocupan lugares especialmente visibles en la sociedad y también privilegiados. Sus defectos son más públicos que los de las restantes personas; además, tienen más ocasiones de incurrir en pequeños o grandes abusos que la mayoría de los ciudadanos de a pie. El hecho de ser conocidos, envidiados e incluso temidos tampoco contribuye a que sean tratados con ecuanimidad. Las sociedades igualitarias, es decir, democráticas, son muy poco caritativas con quienes escapan a la media por encima o por abajo: al que sobresale, apetece apedrearle; al que se va al fondo, se le pisa sin remordimiento. Por otra parte, los políticos suelen estar dispuestos a hacer más promesas de las que sabrían o querrían cumplir. Su clientela se lo exige: quien no exagera las posibilidades del futuro ante sus electores y hace mayor énfasis en las dificultades que en las ilusiones, pronto se queda solo. Jugamos a creernos que los políticos tienen poderes sobrehumanos y luego no les perdonamos la decepción inevitable que nos causan. Si confiásemos menos en ellos desde el principio, no tendríamos que aprender a desconfiar tanto de ellos más tarde. Aunque a fin de cuentas siempre es mejor que sean regulares, tontorrones, como todos, mientras sea posible criticarles, controlarles y cesarles cada cierto tiempo; lo malo es cuando son “jefes” perfectos a los cuales, como se suponen a sí mismos siempre en posesión de la verdad, no hay modo de mandarles a casa más que a tiros…[2]
En suma, aborrezco las doctrinas que como la homofobia, racismo, genocidio, misoginia y elitismo enfrentan unos hombres con otros (o mujeres), éstas son incapaces de respetar el pacífico conflicto entre opiniones, que exigen a todo el mundo creer y respetar lo que ellas consideran la “verdad” y sólo eso, etc. Por el lado que me compete, elitismo político, pienso que no es tan malo, lo que pasa es que es una idea generalizada y casi estereotipada; además todo depende de la sociedad electora, porque esas son colectividades de alguna manera idóneas para ejercer cargos públicos, no podemos seguir pensando, utópicamente, que personajes típicos de pueblo se deben tomar el poder y hacer la revolución y todo eso. Eso solo genera tensión, miedo, recesión económica, necesariamente muertes, etc. Por ello, lo que debemos hacer es ejercer los derechos que por ley el pueblo tiene para participar en política concientemente y, unirnos cuando el candidato quede, en una comunidad que busca el beneficio mutuo. Como dicen por ahí, es compromiso de toda la ciudadanía.
Que tal si para revisar otra muestra de elitismo, miramos la historia política colombiana, en la cual según algunos analistas que practican el método genealógico, este país no supera quince familias presidenciales distintas.
Comencemos:
Ø Alfonso López Pumarejo es padre de Alfonso López Michelsen.
Ø Misael Pastrana Borrero es progenitor de Andrés Pastrana.
Ø Gustavo Rojas Pinilla es abuelo de Samuel Moreno Rojas (alcalde electo de Bogotá).
Ø Mariano Ospina Pérez era el padre de Pedro Nel Ospina.
Ø Alberto Lleras Camargo era primo de Carlos Lleras Restrepo.
Ø Carlos Galán (concejal de Bogotá) es hijo del reconocido Luís Carlos Galán.
Ø Muchos piensan que Álvaro Uribe no tiene relaciones familiares políticas, pero la verdad es que su madre fue concejala de Medellín, se llamaba Laura Vélez.
Así como estos hay muchos más ejemplos en nuestra elitista política. Que el país no es una maravilla, es un paisaje lleno de flagelos por solucionar, políticos relacionados con paramilitares, eso es cierto, pero que tal si estos cargos quedan en manos de gente como el senador “lustrabotas”, campesinos, futbolistas como Willington Ortiz, pesistas como María Isabel Urrutia, ciclistas como “cochise” y cuanto lagarto hay esperando haber la oportunidad de montarse. ¿No será que el país podría estar peor? Se que es malo comparar al país, porque Colombia tiene mucho potencial para salir adelante, a diferencia de otros, pero miremos por un instante Ecuador y su inestabilidad, Bolivia y su líder cocalero, estamos en mejor posición que ellos, eso es claro.
Conclusión de todo esto, la ciudadanía es la fuerza política más importante en un país democrático como este, por esto, su participación y su observación detenida de propuestas de los candidatos es vital para el desarrollo general de la región.
Por último, decía Marx y Mosca al comienzo que en toda sociedad existen gobernantes y gobernados, de ahí sacó que el elitismo debe cambiar de sentido y ser el pueblo la élite que gobierne y el administrador solo un instrumento gobernado por el poderoso brazo de los intereses comunes.
Nota
Nótese que cuando la gente habla de elitismo político casi siempre es apática y por prejuicio hablan mal de que los funcionarios públicos reincidan en el poder, pero tal vez no son muy concientes del trabajo que hacen bien. En pocas oportunidades se recuerda a un político por su buena labor, por ejemplo, si uno pregunta a cerca de quien es Antanas Mockus la gente dirá posiblemente: un político que se bajo los pantalones una vez; Enrique Peñalosa, otro político que es soberbio y arrogante; Luís Pérez, un alcalde que cuando terminó el periodo fue acusado de corrupción, etc.
En mi opinión, en esta ciudad, estoy de acuerdo con el elitismo, pero este punto de vista no es uniforme o constante, como todos los demás prejuicios se necesita conocer a cada persona, porque nadie es igual a otro, somos seres distintos independientemente del estrato, condición sexual, raza, ideas, país de origen, etc.

Candidatos Congreso dijo
Tienes razón en que la historia política del país, hemos sido gobernados casí por las mismas familias, pero detengamonos a pensar que algunos han mostrado avances para nuestra nación, también debemos ser objetivos, pienso que si queremos una mejor nación debemos informarnos muy bien a la hora de elegir a nuestros dirigentes y no dejarnos llevar por ideas populistas, ahora con las elecciones 2010, podremos generar el cambio político que Colombia necesita, recientemente encontré un portal colombiano donde se tratan estos temas de una forma clara y objetiva.
29 Mayo 2009 | 11:56 PM